Rusia, colores y tramas que despiertan la inspiración

Los frescos de las iglesias ortodoxas, las estaciones de metro revestidas de mármoles diversos, estatuas de bronce o lámparas de araña; el imponente Hermitage con sus salas de oro, sus techos mágicos o sus laboriosos suelos de marquetería; o el descubrimiento del impresionismo ruso… Todo lo que me gustó de Rusia y por qué.

Tres motivos por los que Rusia me encantó

Metro de Moscú: una amiga ya me había comentado cuán increíbles son las estaciones de metro de Moscú. En serio, es una pasada. Como dato, la primera línea de metro se inauguró en 1935 bajo el poder soviético; la línea circular es de los años 40 y 50; la estación más profunda tiene 90 metros y discurre debajo del río Neva. Hay más de 200 kilómetros de vías y 9 millones de pasajeros usan a diario las 14 líneas de metro que tiene Moscú. Las estaciones construidas en los años 60 y 70 son más sencillas. Pero si hablamos de cosas sobresalientes, las estaciones están revestidas de mármoles diversos provenientes del Cáucaso, lámparas de araña, apliques increíbles, estatuas de bronce, un trabajo artesanal de mosaiquismo que es una verdadera obra de arte… Nunca había visto nada igual, me pareció increíble. Es visita obligada recorrer algunas de las estaciones, eso sí, en algunas de ellas los trenes son un tanto antiguos y hace muchísimo ruido.

Metro de Moscú, Rusia, 2017

 

Las iglesias ortodoxas: para mí este ha sido un gran descubrimiento. En realidad, no soy de visitar iglesias pero, en este viaje, éstas ha sido fuente de inspiración. En algunas de las iglesias ortodoxas no se puede sacar fotos así que voy a intentar comentar lo que vi: frescos maravillosos, colores pastel: verdes, rosas, celestes…, muchísimo dorado, todo limpio e impoluto, las paredes están todas decoradas con diferentes escenas bíblicas y el trabajo artesanal del iconostasio (puerta-altar) es digno de admirar, en muchos de ellas se trata de representaciones icónicas construidas con pequeños trocitos de mosaicos casi imperceptibles a los ojos. Mosaicos traídos de diferentes partes del mundo, suelos de mármoles grises, rosas… Como otros datos curiosos, las misas duran casi 3 horas y no hay bancos para sentarse. Para los fieles reparten pan y té en tazas de plata. Yo me quedo con esa experiencia de colores y figuras, para mí ha sido un motivo de inspiración que se podría aplicar, por ejemplo, en tramas de textiles para tapizar sofás, cortinas o manteles, me ha parecido muy bonito.

Colores pastel, mármoles y tramas de las iglesias ortodoxas, Rusia, 2017

 

Hermitage (San Petersburgo): el que era el Palacio de invierno de los zares se ha convertido en la tercera pinacoteca del mundo con 5.000 salas después del Louvre y El Prado. A ver, ¡qué decir!, por un lado es una auténtica locura, una ostentación de riqueza, lujo y magnificencia que se aleja de cualquier valor como individuo y sociedad. Pero considero que, como “obra de arte”, como experiencia visual, es fascinante, digno de ver. No sólo hablo de los impresionantes cuadros, del valor artístico y cultural de la cantidad de obras de arte que cuelgan en sus paredes. Si no también del palacio: creo que jamás he visto tantas lámparas de araña juntas y tan impresionantes, con apabullante detalle y minuciosidad artística , muchísimo lujo, oro por todos lados pero perfectamente trabajado y decorado, cada sala es una auténtica caja mágica con techos escandalosamente decorados, con unos suelos de parqué que están labrados con un trabajo de marquetería abismal, jarrones de mármol de varios metros y cuyo peso se mide en toneladas, un reloj de oro que tiene el tamaño de una habitación… los marcos de las puertas, las puertas, todo es una auténtica locura de lujo y belleza a la vez. En serio, si ya las iglesias me habían provocado cierto respeto, el Hermitage superó todo lo visto.  Mi punto de comparación es Florencia, Viena y Roma pero en ésta última ciudad debo decir que  no entré a la Capilla Sixtina… ¡tengo que volver!

La marquetería de los suelos de parqué, Hermitage, Sant Petersburgo, Rusia, 2017

 

Impresionismo ruso: en la Galería Tetriakov se pueden ver cuadros exquisitos y una visita rápida no deja indiferente a nadie. Particularmente me ha gustado mucho adentrarme al impresionismo ruso a través de las obras de Valentín Aleksándrovich Serov (de 1865-1911) y Zinaída Yevguénievna Serebriakova (1884-1967). El primero fue un gran retratista y su obra “Niña con Melocotones (1887)” le permitió ser reconocido como el fundador del impresionismo ruso. La obra es muy bonita la verdad, verla “en directo” me encantó. En cuanto a la pintora Zinaída Yevguénievna Serebriakova, su autorretrato “En el tocador (1909)” me parece sumamente hermoso, me transmite mucha paz y me encanta la escena de la vida cotidiana, su obra está llena de luz; es luz. Ella fue la única pintora mujer del impresionismo ruso.

Impresionismo ruso, “En el tocador (1909)” , Zinaída Yevguénievna Serebriakova, Moscú, Rusia, 2017

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